De la Historia

Uwe Seeler: Un hincha más y futbolista extraordinario

2797725_1_dpa_147EC40083D1F9ED-1024x783Tomado de mibundesliga.com

Además del color de piel, estatura o rasgos, hay ciertas predisposiciones que también se heredan. Quizás el gusto por una actividad o la devoción hacia un equipo de fútbol. “Nuestro Uwe”, como le conocen en la ciudad de Hamburgo, fue un Seeler de pura sangre.

Su padre, Erwin Seeler, fue futbolista desde los 16 años de edad, comenzó en el Rothenburgsort 96 y fue llenando su currículo con equipos de trabajadores que lo llevaron a convertirse en campeón federal. Delantero de oficio, llegó a anotar siete goles para Alemania en un sólo partido, ante Hungría con un 9-0 final. Su hermano Dieter seguiría el ejemplo paterno y en varias ocasiones se cruzaría en cancha con el pequeño prodigio, Uwe; heredero de ese incisivo olfato de gol.

Tal como dijo Guardiola, “es más fácil cambiar de mujer que de equipo de fútbol”, siguiendo a su padre guardó fidelidad al Hamburger SV, único club donde jugó a partir de los nueve años y a los dieciséis realizaría su debut dentro del primer equipo en un partido de Pokal (1954), marcando cuatro goles contra el Holstein Kiel. Los bajos salarios lo obligarían a trabajar simultáneamente como comerciante, pero eso no frenaría el ascenso de su prolífica carrera en el siguiente paso: Die Mannschaft.

“Soy del Hamburgo y llevo los colores de este club en el corazón”.
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Quien se encontraba en el timón del barco para aquel entonces, Sepp Herberger, le daría oportunidad tras el título Mundial de 1954 en un duelo ante los franceses, primer paso para completar al final de su carrera 72 partidos con la Selección Germana.

Su primer partido en una Copa Mundial lo disputaría en Suecia (1958), saliendo de titular anotaría su primer gol. La continuidad se prolongaría en Chile (1962), Inglaterra (1966), quedando subcampeones con un polémico 4-2 en la prórroga ante los anfitriones, al igual que en México (1970)  eliminados en semifinales 4-3 en el denominado “Partido del Siglo”. En cada edición anotó para un total de nueve goles.

Su liderazgo lo convirtió en capitán de ambas oncenas, perteneciente a una talentosa generación del Hamburgo, logró un título de Liga (1960), la Pokal de 1963 y dos subcampeonatos del torneo local y continental; en sus apariciones en la Oberliga y la posterior oficialización de la Bundesliga, para un total de de 518 veces.

A nivel individual logró ser el futbolista del año en 1960, 1964 y 1970, máximo goleador en la temporada 1963/64 con 30 tantos (primero en la historia de la Bundesliga) y la capitanía de honor de la Mannschaft, que comparte sólo con Fritz Walter, Beckenbauer y Matthäus. Su promedio de un gol por partido, lo llevó a anotar 444 goles entre Oberliga y Bundesliga, récord que aún se mantiene como segundo mejor anotador por detrás de Gerd Müller, mientras que con Alemania marcó 43 veces en 72 juegos.

Su retiro oficial se produjo en 1972 pero seis años después tras disputar un partido amistoso en Irlanda, quedó inscrito en la lista para el campeonato regular, así que tuvo una aparición en la Liga irlandesa y dos goles con las filas del Cork Celtic FC.

Estuvo dos años y medio en la presidencia del HSV, a partir de 1995. En 2005 le fue edificado un monumento gigante a su pie derecho frente al estadio que engrandeció y vio su magia.
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Uno de los mejores futbolistas de su generación, ídolo, estrella y consentido de la afición. No hay “Dino” que no lo recuerde o le guarde admiración. Técnica, pegada, velocidad. Talento y jerarquía con una gran capacidad para el juego aéreo y los cabezazos. De esos que el fútbol da a luz cada cierto tiempo para volverlos  leyendas.

Acerca de Isidro Martínez Suárez

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